martes, 9 de abril de 2013

Una perdiz sin ligas


Tu mano recta me tuerce las intenciones, tu voz de cántaro me hace hiperventilar y la barbilla que apuntas al horizonte me derrite los labios de mantequilla.

5 comentarios:

  1. Este perdigón viene dispuesto a marearse cuanto haga falta. Las perdices sin ligas le resultan irresistibles y las seguirá atentamente.

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  2. El perdigón iba directo al corazón de la perdiz, pero se desvió su rumbo y cazó un conejo.

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    1. Es curioso el destino. Sin proponérselo, nuestro protagonista fue desviado de su rumbo, y en vez de el corazón de una perdiz encontró algo tan mágico, apasionante, sublime y misterioso como un conejo. Pero el perdigón -pollo de perdiz- era muy joven y aún no sabía que se podía hacer con un conejo.

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  3. El conejo, sabio él, explicó al ruborizado polloperdiz, que su destino habìa sido interponerse en su camino para comprobar su consistencia, resistencia y alcance de disparo.

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    1. Y entonces ¿qué pasó? ¿Quedó el conejo satisfecho con la consistencia, resistencia y alcance de disparo del -creo yo que no tan ruborizado- polloperdiz?

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